Álvaro Mozos Ansorena

Publicado Publicado en Testimonios

Hay lugares a los que simplemente sabes que vas a volver. Flechazos, que te obligan a repetir y que ya había tenido antes, sobretodo con islas. Prometí volver a Sal “máis devagar”, sin el ansia y las prisas a las que estamos acostumbrados en nuestra vorágine diaria, pero no ha sido tan fácil y para cuando estaba adoptando el ritmo isleño me tuve que ir. Aún así, la pesca ha sido fantástica, incluso mejor que el año pasado, mucho esmoregal tanto el preto como el burmedju, atunes de aleta amarilla, cientos de bonitos (blue runners), listados, un mero distraído, cachorrinhas y diversos especímenes de especies de las que ya no recuerdo ni el nombre. Primer año que coincido con Dani Galle, el skipper, caboverdiano con sangre italiana, gran conocedor de su oficio, generoso en el esfuerzo y que no cesa hasta que consigas tu picada. Dani y Lola, pues lo esperado, de diez. Y las cenas, uno de los momentos más deliciosos del día, pescado, capturado por nosotros, en sashimi, carpaccio, tataki, a la plancha, a la sal y un largo etcétera mientras se comentaban los lances del día, que no eran pocos. Ahora sí, ¡volveré!, no sé a qué ritmo pero ¡volveré!